Una mañana un elefantito muy curioso, al que le gustaba saber el por qué de todas las cosas que le rodeaban, le preguntó a su mamá:
- Mamá, mamá ¿tu sabes lo que come el cocodrilo? - No hijo. Yo no se lo que come el cocodrilo. Y no me importa. - Vale, pues yo si quiero saberlo. Voy a ir a preguntar.
Y el elefantito echó a andar y andando, andando vio a un conejito y le preguntó:
- Conejo, conejito, ¿Tu sabes lo que come el cocodrilo?. - ¡Ay no!, yo no se lo que come el cocodrilo, ni me interesa saberlo... el cocodrilo vive muy lejos de aquí, en la charca... Y dando saltos el conejo se alejó.
El elefantito siguió andando a ver si encontraba algún animal que le dijera lo que come el cocodrilo. Vio un pájaro en una rama cantando y acercándose le preguntó:
- Pájaro, pajarito, ¿Tu sabes lo que come el cocodrilo?. - No, no yo me paso el día en los árboles y volando y no se lo que come el cocodrilo, ni me interesa saberlo... Y despidiéndose se echó a volar.
Sin desanimarse, el elefantito curioso pensó que había elegido mal a los animales A los que debía preguntar y se acercó al gran lago donde vivía el cocodrilo.
Allí en la orilla vio a una rana que croaba alegremente y se apresuró a preguntarle:
- rana, ranita ¿Tu sabes lo que come el cocodrilo?. - ¡ay, ay! ¡No me nombres siquiera al cocodrilo ni yo ni nadie de mi familia queremos saber nada de él!
Y dando un gran salto la rana se zambulló en el agua.
Entonces el elefantito curioso vio a un pez que nadaba cerca de la orilla y pensó que él si que sabría lo que comía el cocodrilo y se apresuró a preguntarle:
- pez, pececito, ¿tú si sabes lo que come el cocodrilo, verdad? - Por supuesto que lo se y por eso me da tanto miedo, no me vuelvas a preguntar nada del cocodrilo que me pongo muy nervioso y me parece que está cerca ... me voy, me voy.
Y sin atender al pobre elefantito se alejó de la orilla rápidamente.
El elefantito pensó que lo mejor sería preguntarle al cocodrilo ya que nadie mejor que el sabría lo que comía. Y dicho y hecho, buscó al cocodrilo que tomaba el sol cerca de la orilla y a grandes voces le preguntó:
- cocodrilo, cocodrilo, ¿te importaría decirme lo que comes?
Y el cocodrilo relamiéndose por anticipado, se acercó a la orilla y le contestó:
- claro que si, pero la verdad es que me da vergüenza gritarlo, si lo quieres saber te lo diré al oído.
El elefantito curioso se apresuró a acercar la oreja y entonces el cocodrilo lanzó una rápida dentellada y cogiendo la nariz del elefantito comenzó a tirar de ella para arrastrarlo dentro del agua. El elefantito hincó sus patas y tiró hacia atrás para salvar su vida mientras gritaba pidiendo socorro. Su mamá lo oyó y tiró con gran fuerza de él, logrando salvarlo, aunque a ambos de tanto tirar les creció la nariz.
Y por eso, desde entonces tienen su trompa larga los elefantes.
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VALORES QUE TRASMITE ESTE CUENTO Y QUE RESPONDEN A UNA MENTALIDAD CIENTÍFICA QUE CREEMOS SE DEBE POTENCIAR:
• Ser curioso no es un defecto.
(La mayoría de los cuentos clásicos “castigan” la curiosidad)
• Tener inquietudes e interés por conocer las cosas que ignoramos del mundo que nos rodea nos ayuda a mejorar.
(Los problemas surgen por no conocer la información buscada, en los cuentos tradicionales los problemas se asocian al preguntar o al no seguir las indicaciones de los demás )
• Hay que preguntar e investigar aunque haya fracasos, incomprensión o falta de interés por parte de nuestro entorno.
(No hay la menor connotación peyorativa ante la insistencia del elefantito)
• Hay que buscar las respuestas en el núcleo del problema.
(Tras intentar recabar información en fuentes cada vez mas próximas al sujeto a investigar y no conseguirla, el elefantito toma la decisión mas científica: ir a recabarla del propio sujeto).
• La investigación conlleva riesgos. Aunque hay que intentar evitarlos o minimizarlos, es absurdo negarlo. Lo fundamental es enseñar a los niños a tomar precauciones.
(Es el principal fallo que cometió el elefantito, no tomar precauciones al acercarse al cocodrilo.)
• El final es positivo. El elefante corrió un gran riesgo pero ganó algo que es parte de su esencia.
(Al contrario que en muchos cuentos el final no conlleva un castigo ejemplarizante: “quedar convertido en estatua”, “ser transformado en burro o paloma...”, el elefantito corre un riesgo pero obtiene un beneficio, consigue su gran trompa, algo que es el símbolo de su especie y un maravilloso instrumento)
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