Pablo era muy diferente a Carla, pues él no tenía grandes comidas ni regalos por Navidad, sino que vivía en una vieja cabaña de madera, que casi se caía a trozos, y en invierno se colaba el frío por los huecos que tenía. Sin embargo, al contrario que Carla, Pablo era un buen chico, con muchos hermanos y se llevaba muy bien con su familia. Tenía un perrito blanco que se llamaba Pipo y una yegua marrón que se llamaba Nica. ¨¡Cuánto deseo que llegue la Navidad! ¡Espero tanto que de nuevo nazca el niño Jesús!¨, se decía Pablo cada día al levantarse.
Un día, Carla se fue a dar un paseo con sus diez muñecas, todas vestidas con trajes rosas y amarillos, en un inmenso carrito celeste decorado con hilitos de oro y plata. Era noviembre y había montones de hojas por el parque. Carla se sentó en un banco a descansar. Vio venir a una anciana que le preguntó por una calle, y la niña le indicó intencionadamente una dirección equivocada. Cuando la anciana se alejó, Carla soltó unas maliciosas carcajadas y se alejó con su carrito.
Carla se fue directa a su casa, que era una gran mansión con enormes jardines y dos cuadras. Como ya era tarde, sus padres la regañaron y tuvieron una larga pelea mientras cenaban y después de que la niña tirara su plato al suelo, se dirigió hasta su cuarto y allí se quedó viendo la tele, aunque sólo estaban dando las noticias. De repente Carla se sobresaltó, pues estaban anunciando la desaparición de una anciana, y también enseñaron su foto. ¡Era la anciana al la que Carla había engañado por la tarde en el parque! Carla no se lo podía creer.
Unos días antes, los padres de Pablo, le habían dicho que iban a recibir una visita muy importante, y que iban a intentar reparar la cabaña. Enseguida, Pablo fue con sus hermanos a cortar leña y regresaron con un buen montón. Pablo tenía nueve años, al igual que Carla, pero era fuerte y sabía cortar muy bien la leña. Todos sus hermanos, que eran cinco, se preguntaban quién podía ser la importante visita, pero Pablo se preocupaba más por el niño Jesús, que pronto nacería, al igual que él, pobre y con frío. Pablo tenía que impedir que Jesús naciera tan pobre y con frío, pero no tenía idea de cómo lo podría hacer. De pronto se le ocurrió una gran idea, pero necesitaba la compañía de una niña, y no conocía a nadie adecuado, aunque no descartó la idea.
Aunque los padres de Pablo no veían la televisión, porque no tenían, se enteraron de la desaparición de una anciana mediante unos buenos amigos que se lo comunicaron y les enseñaron una foto. Los padres de Pablo entristecieron y le dijeron a sus hijos que la importante visita que esperaban ya no vendría. Pablo también entristeció mucho, pero no tanto como sus hermanos, pues tenía un plan que llevar a cabo y una amiga a la que encontrar.
Carla se sintió mal, porque ella había engañado a la anciana sólo para divertirse, pero sin la intención de que ésta se perdiera y desapareciera. Desde aquél momento algo cambió en Carla, sintió que alguien la estaba buscando para una buena obra y ella decidió buscar también, para compensar su mala acción.
Una semana después, la tercera semana de noviembre, ocurrió algo maravilloso. Carla salió por primera vez a la calle sin sus juguetes y decidió buscar a la persona que la necesitaba. Encontró en un claro de una colina cercana, una cabaña en la que habían bastantes niños cortando leña y dando martillazos. De repente, de una alameda salió un gracioso niño de su misma edad, con el cabello rizado y de piel blanca, muy parecido a la anciana desaparecida. El niño miró a Carla extrañado durante un minuto, y después salió disparado hacia ella. Carla se quedó tan quieta, que cuando el niño llegó a toda velocidad frente a la chica, los dos cayeron al suelo.
¨¡¡¡Eres tú!!!¨, gritaron los dos a la vez. Después de eso, los dos se presentaron y Pablo le contó su plan a Carla. Después Carla le dijo a Pablo que algo le había conducido hasta él, algo mágico que la había hecho cambiar y arrepentirse de su mala acción y creer en la Navidad. También Pablo le dijo que esa anciana era su abuela, a la que tanto esperaban. Carla prometió ayudarle y también buscar a la anciana.
Ese mismo día, Pablo contó su plan: -Antes de nada, tienes que prometerme que no volverás a hacer ninguna mala obra, pues necesito un corazón bueno para llevar a cabo mi plan.
-Carla le prometió que sería buena toda su vida, pero con la condición de que Pablo fuera su amigo para siempre y la perdonara por haberle estropeado la visita.
-Claro que seré tu amigo, y además te perdoné hace un rato. Pero eso es lo que menos importa, tengo que contarte mi plan, así que sentémonos en aquellas rocas y te lo contaré tranquilamente.
Se sentaron en unas apacibles rocas, y como hacía un día delicioso, no sintieron demasiado frío.
-Bien, -empezó a decir Pablo -como ya sabes, el veinticinco de diciembre nace el niño Jesús. Carla asintió, aunque era la primera vez que lo escuchaba, pues ella nunca se había interesado por lo que sucedía en Navidad, aunque ahora sí que sentía un repentino interés.
-Pues yo necesito impedir que nazca con frío y en un mísero pesebre, por eso necesito coger su figura del belén que ponen todos los años en el ayuntamiento y resguardarlo en un sitio calentito y acogedor. Como mi casa es muy fría y pobre, no puedo llevarlo allí, pero tu casa es muy grande y, por lo que me imagino, calentita. Después nos encargaríamos de buscar a mi abuela y así todos pasaremos unas felices Navidades.
Después de aquel día de noviembre, Carla y Pablo esperaban con impaciencia que pusieran el belén, que era bastante grande y a tamaño real, en el ayuntamiento. Durante esos días, la amistad entre Pablo y Carla se iba haciendo más fuerte. Carla era una chica muy bonita, con su pelo castaño y sus preciosos ojos verdes, pero también se había vuelto buena, ya no se peleaba con su familia y había aprendido que la amistad puede llegar a ser preciosa.
Llegó la segunda semana de diciembre, y hacía mucho frío. Cuando el día diez de diciembre ya estaba puesto el belén, Carla y Pablo quedaron por la noche para coger al niño Jesús del pesebre y llevarlo a casa de Carla, donde lo podrían esconder perfectamente.
A las diez de la noche, después de cenar, Carla y Pablo se habían escapado sigilosamente, cada uno de sus respectivas casas, y se habían reunido en el ayuntamiento, donde les fue fácil coger la figurita del niño Jesús y llevarla a casa de Carla, donde la niña la colocó entre sus muñecas y la vistió con un bonito vestido para que así, todos la confundieran con una muñeca más.
La noticia se disparó por todo el pueblo, pero nadie sospechaba de Carla ni de Pablo, pues sólo eran dos niños de nueve años. La figurita del belén fue reemplazada por un muñeco, aunque ya no quedaba tan bonito.
-¡Cuánto me alegro de que por fin, el niño Jesús pueda nacer en un lugar calentito y acogedor! -decía Pablo, cada vez más excitado.
-Ya, pero todavía me falta una promesa por cumplir -dijo Carla, entristeciendo de repente. -¡Yo te prometí buscar a tu abuela para que pudieras pasar la Navidad con ella! Ya estamos a veinticuatro de diciembre y todavía no la hemos encontrado. Carla rompió a llorar, y Pablo le dijo que se reuniera con él a las ocho. Carla obedeció y a las ocho, en el mismo claro donde se habían conocido, vio a su amigo de la mano de la anciana. Carla se llevó tal sorpresa que sólo pudo abrazar a la anciana y echarse a llorar. Entonces, como por arte de magia, a la anciana y a su amigo le salieron alas, sus rostros se iluminaron y la anciana ya no tenía el aspecto cansado de siempre, sino que en su cara se reflejaba la mismísima felicidad…
¡Riiiiiiiinng! ¡Riiiiiiiiing! Carla se sobresaltó y se incorporó en la cama. Entonces, sin vestirse, cogió su bata y salió corriendo a la calle, ante la mirada de todos, se dirigió hacia el claro donde había conocido a su amigo, y para su sorpresa, pudo ver que allí no había ninguna cabaña, ninguna yegua, y además, era la segunda semana de noviembre.
Cuando llegó a su casa, pudo ver que en el montón de muñecas, había un muñeco muy diferente, de cabello rizado y piel blanca, muy parecido a su amigo y a la anciana.
Elena Ávila Cladera. 6º A
C.E.I.P. “San Francisco”
C.E.I.P. “San Francisco”
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