Hacía mucho frío pero no nevaba. Santi no podía pensar más que en los copos de nieve cayendo sobre su pueblo y ver todos los tejados de sus vecinos de color blanco, como si hubiese nubes posadas sobre las tejas. Pero las nubes habían permanecido durante muchos días colgadas del cielo y Santi ya no estaba seguro de continuar alimentando su ilusión de ver nevar desde la ventana de su dormitorio.
Su ilusión era tan profunda que se había olvidado de que era 19 de diciembre del año 2006, la víspera de las vacaciones de navidad. Sólo pensaba en la nieve. Cuando estaba en clase intentaba prestar atención todo el tiempo a las explicaciones de los profesores, pero le era imposible evitar mirar hacia el cielo a través de las ventanas. Cuando se despertaba, lo primero que hacía era mirar el termómetro situado en el jardín de su casa y antes de verlo apretaba las manos para conseguir que los grados bajaran y, una vez comprobada la temperatura, miraba a las nubes con ganas de pedirles un favor. Estaba todo el día inquieto y preguntando a sus padres si nevaría o no. Aunque no se lo decía a nadie, su ilusión consistía en que las Navidades de ese año fueran las más blancas de su vida. Ése era el regalo que Santi quería aunque no se le había ocurrido pedírselo a Papá Noel.
No paraba de pensar en qué hacer para que nevara en ese día tan especial. Pensaba y pensaba pero no daba con la solución.
Un día que quedó con un amigo suyo le dijo que le apetecía mucho que nevara y su amigo le dijo que eso era imposible, que no iba a nevar porque no hacia el suficiente frío. A él le dio muchísima pena y se puso a llorar. Su amigo se asustó un poco porque él no se lo había dicho con mala intención; entonces le dijo que no pasaba nada, que seguro que otro año nevaría. Pero él no quería que nevara otro año, quería que nevara ése.
Un poco enfadado se fue a su casa casi llorando; cuando llegó le dijo a su madre, ya desesperado, que quería que nevara.
A su madre también le hacía mucha ilusión que nevara pero estaba casi segura de que era imposible, pues el tiempo no era muy frío; pero ella para no desilusionarlo le dijo que escribiera su deseo en un papelito y luego lo tirara en la chimenea y que así se le cumpliría el deseo que tenía.
Santi fue corriendo a buscar un papel donde escribir su deseo pero en todos había algo escrito, así que su madre tuvo que llevarlo a una papelería para que comprara unos folios. Ella estaba un poco nerviosa porque lo que le había dicho no era de verdad, simplemente era para que no se pusiera triste.
Cuando llegaron a casa, Santi estaba muy contento porque por fin iba a nevar, o eso esperaba. Cogió uno de los folios del paquete y empezó a escribir letrita por letrita hasta que, después de un gran esfuerzo, consiguió escribir la frase entera.
Fue corriendo a la chimenea y lo tiró muy rápido para que el deseo se cumpliera lo antes posible. Estuvo esperando un rato, pero no caía ni un solo copito de nieve, hasta que, cuando pasaron unas cuantas horas empezó a llover muy fuertemente.
Cada vez la ilusión era menor, pues no esperaba que después de todo ese rato nevara, por lo menos antes de que fuera Navidad.
Miraba por la ventana para ver si caía algún copo de nieve y de tanto mirar se quedó dormido totalmente.
Estuvo durmiendo unas cuantas horas hasta que su padre lo despertó corriendo porque ¡estaba nevando! Santi no sabía si era un sueño o era real, pero... era precioso. Empezó a saltar de alegría por toda la casa, y salió corriendo para tocar la nieve. Le dio a su madre las gracias por haberlo ayudado y le dijo que era la mejor madre el mundo. Su madre estaba muy contenta porque ni ella se lo creía, se quedó asombradísima de que, por sólo escribir un deseo en un papel y tirarlo a la chimenea, se cumpliera.
Al rato, Santi entró en casa porque ya era tarde y tenía que ir a la cama. Al día siguiente era Navidad y tenía que aguantar despierto todo lo que pudiera. Le costó dormirse de contento que estaba pero, al final, acabó durmiéndose.
Bueno, ya era Navidad y todo estaba blanco, o sea, como él la había imaginado durante un tiempo. Toda la familia estaba feliz y contenta y empezaron a cantar villancicos hasta que sus voces no podían más.
Fue una Navidad muy especial que nunca olvidará.
Su ilusión era tan profunda que se había olvidado de que era 19 de diciembre del año 2006, la víspera de las vacaciones de navidad. Sólo pensaba en la nieve. Cuando estaba en clase intentaba prestar atención todo el tiempo a las explicaciones de los profesores, pero le era imposible evitar mirar hacia el cielo a través de las ventanas. Cuando se despertaba, lo primero que hacía era mirar el termómetro situado en el jardín de su casa y antes de verlo apretaba las manos para conseguir que los grados bajaran y, una vez comprobada la temperatura, miraba a las nubes con ganas de pedirles un favor. Estaba todo el día inquieto y preguntando a sus padres si nevaría o no. Aunque no se lo decía a nadie, su ilusión consistía en que las Navidades de ese año fueran las más blancas de su vida. Ése era el regalo que Santi quería aunque no se le había ocurrido pedírselo a Papá Noel.
No paraba de pensar en qué hacer para que nevara en ese día tan especial. Pensaba y pensaba pero no daba con la solución.
Un día que quedó con un amigo suyo le dijo que le apetecía mucho que nevara y su amigo le dijo que eso era imposible, que no iba a nevar porque no hacia el suficiente frío. A él le dio muchísima pena y se puso a llorar. Su amigo se asustó un poco porque él no se lo había dicho con mala intención; entonces le dijo que no pasaba nada, que seguro que otro año nevaría. Pero él no quería que nevara otro año, quería que nevara ése.
Un poco enfadado se fue a su casa casi llorando; cuando llegó le dijo a su madre, ya desesperado, que quería que nevara.
A su madre también le hacía mucha ilusión que nevara pero estaba casi segura de que era imposible, pues el tiempo no era muy frío; pero ella para no desilusionarlo le dijo que escribiera su deseo en un papelito y luego lo tirara en la chimenea y que así se le cumpliría el deseo que tenía.
Santi fue corriendo a buscar un papel donde escribir su deseo pero en todos había algo escrito, así que su madre tuvo que llevarlo a una papelería para que comprara unos folios. Ella estaba un poco nerviosa porque lo que le había dicho no era de verdad, simplemente era para que no se pusiera triste.
Cuando llegaron a casa, Santi estaba muy contento porque por fin iba a nevar, o eso esperaba. Cogió uno de los folios del paquete y empezó a escribir letrita por letrita hasta que, después de un gran esfuerzo, consiguió escribir la frase entera.
Fue corriendo a la chimenea y lo tiró muy rápido para que el deseo se cumpliera lo antes posible. Estuvo esperando un rato, pero no caía ni un solo copito de nieve, hasta que, cuando pasaron unas cuantas horas empezó a llover muy fuertemente.
Cada vez la ilusión era menor, pues no esperaba que después de todo ese rato nevara, por lo menos antes de que fuera Navidad.
Miraba por la ventana para ver si caía algún copo de nieve y de tanto mirar se quedó dormido totalmente.
Estuvo durmiendo unas cuantas horas hasta que su padre lo despertó corriendo porque ¡estaba nevando! Santi no sabía si era un sueño o era real, pero... era precioso. Empezó a saltar de alegría por toda la casa, y salió corriendo para tocar la nieve. Le dio a su madre las gracias por haberlo ayudado y le dijo que era la mejor madre el mundo. Su madre estaba muy contenta porque ni ella se lo creía, se quedó asombradísima de que, por sólo escribir un deseo en un papel y tirarlo a la chimenea, se cumpliera.
Al rato, Santi entró en casa porque ya era tarde y tenía que ir a la cama. Al día siguiente era Navidad y tenía que aguantar despierto todo lo que pudiera. Le costó dormirse de contento que estaba pero, al final, acabó durmiéndose.
Bueno, ya era Navidad y todo estaba blanco, o sea, como él la había imaginado durante un tiempo. Toda la familia estaba feliz y contenta y empezaron a cantar villancicos hasta que sus voces no podían más.
Fue una Navidad muy especial que nunca olvidará.
Manuel Nieto Vega. 6º B
C.E.I.P. “San Francisco”
C.E.I.P. “San Francisco”
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