RELATO NAVIDEÑO
Una estrella fugaz
Una estrella fugaz
Esta historia sucedió en la noche de Navidad, muy lejos de aquí.
Había una familia joven formada por Pablo y María. Eran muy felices. Aquella noche de Navidad, en vez de ver la televisión, se sentaron en la puerta para ver las estrellas. El cielo estaba totalmente estrellado y vieron una correr por el firmamento y pidieron un deseo rápidamente.
Por la mañana se levantaron y fueron a trabajar. Pablo se fue a cazar y María daba de comer a las gallinas. Una de ellas se le escapó y marchó al campo sola. María se dio cuenta de que faltaba una, fue a buscarla y la encontró. La gallina le huía y parecía que deseaba guiar a la granjera hacia algún sitio. María, la siguió, vio unos matorrales que se movían, fue a ver qué había, y...
Era una niña tapada con una manta. María la cogió y se fue a casa con ella en brazos. Cuando Pablo llegó a casa, la sorpresa fue enorme.
-¡Cariño, mi deseo se ha cumplido!
-¿Qué? –preguntó Pablo.
-Mi deseo, el de la estrella fugaz.
-Así que tu deseo era ése –dijo Pablo. ¿Cómo la has encontrado?
-Ha sido en el bosque.
-¿En el bosque? –preguntó Pablo, inquieto. Vamos inmediatamente al pueblo. Debe ser de alguien de allí y la estarán buscando.
Fueron al pueblo y preguntaron por todos sitios, pero de nadie era aquella niñita. Al final decidieron quedársela hasta que aparecieran sus padres. La niña tenía que comer.
Estrella, que así la llamaron Pablo y María, fue creciendo y vivía feliz en el campo jugando con lo animales de la granja.
Pasó un año y llegó otra vez la noche de Navidad. En esta ocasión Pablo y María se habían acostado, pero las estrellas del cielo parecían enloquecidas cruzando de un lado a otro del firmamento. Estaban buscando algo. Era la más pequeñita de ellas que se había perdido hacía ya un año. Habían buscado por los mares, por las montañas, en los faros, en los barcos, hasta que por fin la hallaron en aquella perdida granja, y sonrieron. ¡Era la estrella perdida! Pero la vieron tan feliz entre Pablo y María que decidieron dejarla con ellos, aunque siempre habría alguna estrella que cuando pasara por allí se acercaría para saludarla. Todas las estrellas que se mueven velozmente en el cielo, no lo hacen por casualidad: quieren ver a Estrella.
Había una familia joven formada por Pablo y María. Eran muy felices. Aquella noche de Navidad, en vez de ver la televisión, se sentaron en la puerta para ver las estrellas. El cielo estaba totalmente estrellado y vieron una correr por el firmamento y pidieron un deseo rápidamente.
Por la mañana se levantaron y fueron a trabajar. Pablo se fue a cazar y María daba de comer a las gallinas. Una de ellas se le escapó y marchó al campo sola. María se dio cuenta de que faltaba una, fue a buscarla y la encontró. La gallina le huía y parecía que deseaba guiar a la granjera hacia algún sitio. María, la siguió, vio unos matorrales que se movían, fue a ver qué había, y...
Era una niña tapada con una manta. María la cogió y se fue a casa con ella en brazos. Cuando Pablo llegó a casa, la sorpresa fue enorme.
-¡Cariño, mi deseo se ha cumplido!
-¿Qué? –preguntó Pablo.
-Mi deseo, el de la estrella fugaz.
-Así que tu deseo era ése –dijo Pablo. ¿Cómo la has encontrado?
-Ha sido en el bosque.
-¿En el bosque? –preguntó Pablo, inquieto. Vamos inmediatamente al pueblo. Debe ser de alguien de allí y la estarán buscando.
Fueron al pueblo y preguntaron por todos sitios, pero de nadie era aquella niñita. Al final decidieron quedársela hasta que aparecieran sus padres. La niña tenía que comer.
Estrella, que así la llamaron Pablo y María, fue creciendo y vivía feliz en el campo jugando con lo animales de la granja.
Pasó un año y llegó otra vez la noche de Navidad. En esta ocasión Pablo y María se habían acostado, pero las estrellas del cielo parecían enloquecidas cruzando de un lado a otro del firmamento. Estaban buscando algo. Era la más pequeñita de ellas que se había perdido hacía ya un año. Habían buscado por los mares, por las montañas, en los faros, en los barcos, hasta que por fin la hallaron en aquella perdida granja, y sonrieron. ¡Era la estrella perdida! Pero la vieron tan feliz entre Pablo y María que decidieron dejarla con ellos, aunque siempre habría alguna estrella que cuando pasara por allí se acercaría para saludarla. Todas las estrellas que se mueven velozmente en el cielo, no lo hacen por casualidad: quieren ver a Estrella.
Miriam Jiménez Sánchez.
6º de Primaria (C.E.I.P. “San Francisco”)
6º de Primaria (C.E.I.P. “San Francisco”)
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