RELATO NAVIDEÑO
El milagro del joven
El milagro del joven
Érase una vez una mujer muy pobre y muy buena, que no tenía nada. Un día que iba de camino a la iglesia, se encontró a un joven muy guapo y bondadoso que le dijo que si necesitaba un trabajo, él sabía dónde tendría que acudir. La mujer, que necesitaba un trabajo de inmediato, le pidió que por favor le dijese dónde podía encontrarlo. El joven le dio la dirección de una casa y le dijo que preguntase por la señora Pilar.
La mujer acudió a la dirección que el joven le dio, pero mientras caminaba, se preguntaba si de verdad allí le darían trabajo o si acaso habría sido todo una broma de mal gusto, o tal vez algo peor. Cuando llegó y llamó a la puerta, le abrió una anciana.
La mujer preguntó por Pilar y la anciana le respondió que si, que era ella. La mujer le preguntó si allí ofrecían trabajo, que ella estaba muy necesitada. La anciana, sorprendida, dijo que hacía unos minutos se le había despedido su anterior cuidadora sin previo aviso y que iba a ofrecer trabajo de nuevo a otra persona, pero que todavía no se lo había dicho a nadie y estaba muy preocupada porque la gestión duraría muchos días y ella, casi imposibilitada como estaba, lo pasaría mal durante ese tiempo. Pilar preguntó cómo se había enterado de que necesitaba otra cuidadora con urgencia. La mujer respondió que había sido un hombre guapo y bondadoso que hacía poco había encontrado en la calle.
De repente la mujer vio un portarretratos colocado sobre un mueblecito de la entradilla y en la fotografía reconoció al joven que le dio la dirección. Sorprendida dijo: -¡Es ése el joven que he visto hace un rato!
La anciana contestó que eso no era posible pues el de la foto era su hijo que tanto amaba y que había muerto hacía ya dos años.
Las dos lloraron de emoción porque había sucedido un milagro. Aquella Navidad la pasaron juntas.
La mujer acudió a la dirección que el joven le dio, pero mientras caminaba, se preguntaba si de verdad allí le darían trabajo o si acaso habría sido todo una broma de mal gusto, o tal vez algo peor. Cuando llegó y llamó a la puerta, le abrió una anciana.
La mujer preguntó por Pilar y la anciana le respondió que si, que era ella. La mujer le preguntó si allí ofrecían trabajo, que ella estaba muy necesitada. La anciana, sorprendida, dijo que hacía unos minutos se le había despedido su anterior cuidadora sin previo aviso y que iba a ofrecer trabajo de nuevo a otra persona, pero que todavía no se lo había dicho a nadie y estaba muy preocupada porque la gestión duraría muchos días y ella, casi imposibilitada como estaba, lo pasaría mal durante ese tiempo. Pilar preguntó cómo se había enterado de que necesitaba otra cuidadora con urgencia. La mujer respondió que había sido un hombre guapo y bondadoso que hacía poco había encontrado en la calle.
De repente la mujer vio un portarretratos colocado sobre un mueblecito de la entradilla y en la fotografía reconoció al joven que le dio la dirección. Sorprendida dijo: -¡Es ése el joven que he visto hace un rato!
La anciana contestó que eso no era posible pues el de la foto era su hijo que tanto amaba y que había muerto hacía ya dos años.
Las dos lloraron de emoción porque había sucedido un milagro. Aquella Navidad la pasaron juntas.
Julia Delgado Bellamy
6º de Primaria (C.E.I.P. “San Francisco)
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